Un rugido que ser√° eterno


La expectativa de vida promedio de un le√≥n aumenta considerablemente cuando se encuentra en cautiverio, respecto de su estado salvaje. El pasado 25 de julio falleci√≥ en Buenos Aires a la longeva edad de 92 a√Īos qui√©n sin dudas fue el rugido m√°s pol√©mico y provocador del arte pl√°stico en el pa√≠s, Le√≥n Ferrari, el artista argentino contempor√°neo m√°s criticado y censurado.

Su padre, arquitecto, pintor y fotógrafo, construyó y decoró numerosas iglesias de Córdoba y de otras provincias. Habiendo recibido parte de su educación primaria en un colegio religioso, solía describir esta experiencia como un infierno, concepto mismo con el que allí estaba obligado a convivir, como si de una especie de jaula se hubiese tratado.

Ferrari fue predador al mismo tiempo que presa: presa de prejuicios, presa de convencionalismos que no terminaban de entender su mirada √°cida contra la represi√≥n y el poder de la religi√≥n. Fue un Le√≥n ciego, que a trav√©s de su braile supo estar en contacto directo con el mundo moderno, logrando transmitir que el arte se mira… y tambi√©n se toca.

Destruyendo mitos, supo entrecruzar permanentemente significados y significantes, exponiendo un mundo de un modo po√©tico y pol√©mico, no restringido a l√≠mites canonizados. Su ideolog√≠a seguir√° gritando a trav√©s de cada una de sus obras. Gran paradoja en Ferrari, la creaci√≥n de un arte que busc√≥ permanentemente la censura, una fiera que se sinti√≥ a√ļn m√°s viva tras las rejas.

 
Encontrá este artículo en la edición de agosto de DE-G Magazine
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