Artículo de David Lynch en DE-G Magazine

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El gran sueño de David Lynch


Podríamos haber imaginado que el gran sueño de David Lynch se llevaría a cabo en una habitación con paredes constituidas por cortinas rojas, con piso blanco y negro en zigzag y llena de personajes excéntricos que nos hablan al revés. Pero no. The Big Dream es una serie de doce temas (incluida la versión de The Ballad Of Hollis Brown de Bob Dylan y un bonus track a cargo de Lykke Li) que nos llevan a terrenos orgánicos y electrónicos.

Este nuevo disco, sucesor de Crazy Clown Time, nos sigue invitando a recorrer laberintos mentales, nos convoca en cada una de sus letras a ingresar a un mismo mundo onírico, transformando las melodías en imágenes, en sensaciones. Lynch se vuelve incapaz de separar sus instintos cinematográficos de sus canciones, las cuales nos remiten a cualquiera de sus películas, impidiéndonos encontrar significados aparentes, no sin antes aprender a buscarlos, viendo más allá… como él nos tiene acostumbrados.

The Big Dream nos abstrae, hasta el punto en que las doce canciones completas empiezan a formar una masa uniforme. Mezclando lo retro-indie con electrónica, cuerdas y percusiones no sintéticas, sin olvidar su particular voz nasal, va dejando de lado el estilo pop, convirtiéndolo a una especie de blues postmoderno autorreferencial.

A pesar de ser uno de los cineastas más reconocidos de los últimos tiempos, David se atreve a experimentar en otros terrenos, donde la música, la pintura e incluso la meditación trascendental o una propia marca de café ya forman parte de su universo propio, demostrándonos que para poder expresarnos nunca vamos a encontrar límites, incitándonos a no despertar de ese gran sueño. Y así se nos termina complicando separar al artista de su trabajo, y el apellido Lynch va dejando de ser un sustantivo propio, para transformarse en adjetivo.